miércoles, 4 de enero de 2012

El calor o la calor?

Si el artículo concuerda con el sustantivo en género y número, ¿podría considerarse incorrecto el empleo de la en el caso de “la calor”?

Algunas gramáticas califican de “arcaica” esta forma, aunque en nuestro idioma hay ejemplos en los que se usa el o la indistintamente. Se trata del artículo con los sustantivos ambiguos, que vacilan --en el uso corriente de la lengua-- entre los dos géneros: el o la piyama, el o la azúcar, el o la tilde. Pero, veamos las cosas con mayor detenimiento.

Como se sabe, el determinante el se emplea delante de sustantivos masculinos (el libro) y la ante sustantivos femeninos (la mesa). Sin embargo, con los sustantivos femeninos que comienzan con a- acentuada, la forma del artículo es el: el agua, el hacha, el águila, el habla. Se exceptúan los nombres propios y los patronímicos, cuando designan mujer, y las letras del alfabeto: la Juana Corrales, la a, la hache; se incluye el nombre de la primera letra del alfabeto griego: la alfa (metafóricamente, con el sentido de “principio u origen”, se dice correctamente: el alfa y el omega).

Pero cuando se interpone cualquier palabra entre el artículo y el sustantivo, la forma no es el sino la: las hiervientes aguas de Tipitapa; la enrevesada habla del pandillero.

Ante adjetivos, el artículo no sufre variación: la alta cumbre, la agria naranja, la árida conversación. Incluso, en los casos de elipsis, es decir, cuando se omite el sustantivo porque se sobreentiende: Es más peligrosa la marea baja que la alta (la marea alta).

Cuando se quiere distinguir el sexo en sustantivos femeninos de personas o animales, debe emplearse el artículo femenino la: la árabe (la mujer árabe), la ánade (el pato hembra), etc.

Los nombres de personas no llevan artículos. En algunos países (Chile, México, Costa Rica, Nicaragua, etc.), es corriente anteponer el artículo al nombre de pila de todas las mujeres: la Julia, la Petra (“la Juana Corrales” se lee en Cosmapa, de José Román; “Pobre la María” se titula la canción de Luis Enrique Mejía Godoy, y “Yo soy la María, María de los Guardias” otra de Carlos Mejía Godoy). La Academia considera correcto el empleo del artículo en estos casos.

Con nombres propios geográficos, algunos países han vacilado en el uso del artículo en su nombre; sin embargo, hoy se pueden anotar con seguridad aquellos que lo aceptan; por ejemplo: El Salvador, la Argentina, el Uruguay, el Paraguay, el Perú, el Ecuador, el Brasil, la India, el Congo y los Estados Unidos. En otros casos, el empleo es indistinto: el Asia (o Asia), el Japón (o Japón), la China (o China), el África (o África), el Egipto (o Egipto).

Con los apellidos se usa el artículo cuando: a) se anuncian: Llegaron los González, los Pérez, los Hernández; b) se refieren metafóricamente a los grandes hombres: Nicaragua es la tierra de los Darío y los Sandino; c) se refieren a una mujer: la Mistral, la Toledo, etc.

Volviendo a nuestro asunto, ¿podría considerarse correcto el uso de “el calor”?

La Academia explica que el uso lo decide a veces el ámbito social, profesional o el dialecto; así, la mar, empleado en poesía, es también expresión de gentes de mar; por eso dicen: altamar, plenamar, y aunque casi no se emplea con el artículo, el femenino es evidente, como en estas otras expresiones: el mar inmenso, la mar salada.

El término calor tampoco debe confundirse con otros muchos nombres que tienen el doble uso, masculino-femenino, pero cuyo cambio de género obedece a una variedad de la significación: el cometa (astro) y la cometa (papalote o barrilete); el contra (concepto opuesto o contrario) y la contra (contraveneno, movimiento contrarrevolucionario); el orden (concierto o disposición de las cosas) y la orden (mandato); el pendiente (arete) y la pendiente (cuesta o declive de un terreno); el tema (asunto o materia) y la tema (actitud arbitraria contra alguien).

Pero la calor --como la color, también-- es un uso considerado por algunos filólogos y académicos como vulgar y anticuado, relegado al habla campesina de algunas regiones.

Empleemos, pues, la forma culta y generalizada: el calor.

http://impreso.elnuevodiario.com.ni/2007/07/07/opinion/53155

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Ortografía: cualesquier y cualesquiera

"Y no eran libros cualquiera", escribía hace poco un columnista acerca de la serie de Tintín.

Cualquier y cualquiera son singulares. El primero se usa antes de sustantivo masculino, «cualquier libro», o femenino, «cualquier vaca». El segundo, después, «un libro cualquiera», «una vaca cualquiera».

Los plurales correspondientes son cualesquier y cualesquiera, «cualesquier libros», «cualesquier vacas» y «unos libros cualesquiera», «unas vacas cualesquiera».

Observe que estos adjetivos indefinidos no varían por el género (cualquier, masculino, y cualquiera, femenino), sino por la posición (cualquier, antes, y cualquiera, después).

El columnista debió escribir «Y no eran libros cualesquiera». ¿Muy rebuscado?
Pudo optar por "Y no era cualquier serie / colección / conjunto de libros".

De estos cuatro adjetivos, uno adquiere mayor riqueza semántica, cualquiera, que opera también como sustantivo femenino, para 'mujer de mala vida', «es una cualquiera», y también como sustantivo de género común, para quien es 'indigno', "es un cualquiera".

Note que los demás adjetivos de esta colección no tienen esta última función en la vida real, "esas cualesquiera de la esquina..." ¡No funciona!

DAS

Una de las razones que da la nueva Ortografía de la Academia para escribir las siglas en mayúscula fija, DAS, IDEA, UNO, es que así se distinguen de palabras comunes homófonas. Si se sigue este consejo, DAS es el Departamento Administrativo de Seguridad, y das, una inflexión del verbo dar, «ya no das más»; IDEA es el Instituto para el Desarrollo de Antioquia, e idea, un sinónimo de 'pensamiento', y UNO es la Unión Nacional de Oposición, mientras que uno es el primer número.

Las demás siglas lexicalizadas pueden llevar solo la inicial mayúscula, Unesco, Unicef, Icfes. Y las no lexicalizadas deben mantenerse en mayúscula fija, RCN, HSBC, RCA.

Decimoprimero

Hoy es válido usar decimoprimero como sinónimo de undécimo, única forma considerada correcta hasta el 2005 para el ordinal que sigue a décimo. El femenino puede ser decimoprimera o décima primera y la forma apocopada, decimoprimer o décimo primer. Todo ello está admitido por la Ortografía de la lengua española del 2010.

Neoyorquino

New York tiene su exónimo en español, Nueva York. Por su parte, el gentilicio newyorker, en inglés, es neoyorquino, en español.


FERNANDO ÁVILA
DELEGADO PARA COLOMBIA DE LA FUNDÉU BBVA

http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/educacion/consejos-para-mejorar-su-ortografia_10927579-4

miércoles, 20 de julio de 2011

El aguardiente, licor que identifica a los colombianos




Elkin Obregón revela el enigma del brebaje en uno de los capítulos del libro 'Dios es Colombiano'

No conozco muchos textos literarios que hablen del aguardiente. Tal vez, entre nosotros los paisas, el más celebrado son las décimas que le envió Diego Calle Restrepo a un amigo, desde Estados Unidos, pidiéndole que le enviara una botella de su añorado licor. Comienzan así:

"Mi querido amigo Luis:
hace seis meses cumplidos
que aquí en Estados Unidos
suspiro por un anís;
porque en este gran país
por espantosa ironía
cualquier cosa se hallaría
que la fantasía invente,
pero un trago de aguardiente
¡nunca se conseguiría!"

Sucede y sucedió que muchos de nuestros escritores aguardienteros llevan o llevaron a la práctica, y no a sus páginas, el gusto por el impoluto. Yo, que no soy escritor, me veo ahora ante el mismo problema. Durante 40 años he sido más o menos fiel a ese producto, sin preocuparme al respecto de nada distinto a empinar el codo, y ahora se me pide que escriba 8.000 caracteres que describan, exalten o cuenten algo sobre el asunto.

Me declaro incapacitado. No dispongo de teorías, ni tampoco de anécdotas. Nunca, valga el ejemplo, he empezado el día con un trago de aguardiente, como hacen muchos adictos, y hacían también algunos campesinos antioqueños, que empezaban su faena diaria con una copa de tapetusa. Aunque la mayoría bebían a esa hora los llamados "tragos", un tazón de aguapanela enriquecido con algo de guaro o de ron. Un amigo mío, ya fallecido, se tomaba un aguardiente antes de afeitarse, para afinar el pulso.

A otro amigo, dibujante de profesión, le tiembla espantosamente la mano gracias a sus muchos años de libaciones. Por paradoja, solo el aguardiente logra ponérsela en condiciones. Como no toma de día, se convirtió en un trabajador de la noche. Hay, en fin, los que ingieren esa copa matinal como remedio o prevención contra la artritis.

Pero lo normal, por supuesto, es empezar a libar cuando cae la tarde. O un poco antes. Dice la leyenda (o la historia) que los empleados públicos bogotanos se inventaron un eufemismo, "las onces", como frase clave y secreta para darse una escapada al bar de la esquina; once letras, claro está, tiene la palabra aguardiente. Con el tiempo, la fórmula perdió su acepción pecaminosa y hoy las onces bogotanas equivalen al "algo" de los antioqueños. O, más globalmente, al té de los ingleses.

Amigo inseparable de tantos colombianos, vertido en muchos modelos y fórmulas regionales, todos válidos y deleitosos, el aguardiente carece de prosapia. No brinda, que se sepa, efectos afrodisíacos ni de otra clase, y los que lo usufructuamos ni siquiera sabemos del todo si sabe bien. Saben bien, tienen aroma y buqué los tragos de los blancos. El aguardiente entra bien, y eso nos basta. Quienes lo oficiamos somos gente mísera de tropa, y los que no lo son, como ya se dijo, no lo mencionan. No da estatus, ni siquiera literario. El bohemio que brinda por su madre el 31 de diciembre alza una copa de vino, y el personaje de 'Guayabo negro', la obra maestra de Efe Gómez, se emborrachó con brandy.

***

Dice el María Moliner sobre el aguardiente: "Bebida fuertemente alcohólica obtenida por destilación del vino". Más adelante concede otra acepción: "Aguardiente de caña: El obtenido directamente de la destilación de la melaza de la caña de azúcar". No nos nombra doña María, pero sí lo hace Michael Jackson (no ese Michael Jackson, sino el autor de Guía internacional del bar): "... En América Latina, especialmente en Ecuador y Colombia, puede referirse (el término) a un aguardiente áspero de caña, aromatizado con anís". Nada aporta a lo que todos sabemos, pero nos ubica: es el nuestro, bien claro está.

Hecho de caña gorobeta y anís, con diversas variantes y nombres en la producción de cada departamento, siempre bajo el férreo patrocinio del Estado, que no permite demasiadas variantes gustativas. Aun así, las hay. No saben igual el Néctar de Cundinamarca, el Platino del Chocó, el Cristal de Caldas, el Ónix Sello Negro de Boyacá, el Blanco del Valle, el Taparroja del Tolima. Pero, en el fondo, todos son uno.

Lo curioso es que este producto desaparece en el sur. No lo hay en Ecuador, con perdón de Michael Jackson, porque el que allá se consume recuerda más ciertos tragos españoles, como el famoso Anís del Mono. Perú y Chile son, en ese sentido, territorios del pisco, que se hace de uva. Según los entendidos, su sabor difiere en los dos países. Es mejor, dicen algunos, el de Chile, pero ni peruanos ni chilenos suelen beberlo puro, sino convertido en pisco sour, un coctel rico en zumo de limón, yerbas aromáticas, una pizca de bitter y hielo. Siguen muchas hectáreas vinícolas, que incluyen el Brasil gaúcho.

En ese país vuelve a aparecer el aguardiente, bajo el nombre de cachaza o pinga. Pero la cachaza, de libre fabricación, ofrece por lo tanto muchas opciones. Algunas son de temer, y hasta las mejores son algo crudas para el actual paladar colombiano; recuerdan de algún modo a nuestra ilegal tapetusa (también, como el tequila, una destilación del fique), muy confiable y sabrosa, valga el ejemplo, cuando provenía de Guarne y otros secretos alambiques del oriente antioqueño. O de Medellín.

Hay jugosas historias sobre la fabricación y el contrabando de la tapetusa. El mismísimo Pelón Santamarta, nuestro bambuquero estrella, cultivaba en su barrio de Guanteros ese oficio clandestino, y ante la inminente amenaza de cárcel se autodesterró. Gracias a ello recaló en México, sembró allá la semilla del bambuco, fue soldado de la Revolución, conoció a Barba-Jacob y al poeta guatemalteco Rafael Arévalo Martínez. Arévalo escribió de él una semblanza titulada

El hombre que parecía un perro, en la que lo pinta, tomando tequila y cantando sus endechas quejumbrosas, bajo la sombra tutelar del Señor de Aretal. Por cierto, el Señor de Aretal, o sea Barba, dijo de los cantos de Pelón que tenían "una excelencia de flor que se mustia, de miel que se acendra". No conozco más precisa y preciosa definición de los viejos bambucos y pasillos, ya perdidos para siempre. Pero ese es otro cantar.
Volviendo al aguardiente antioqueño, debe decirse que ha cambiado a lo largo de los tiempos. Antes tenía más anís y era más peligroso. Su porcentaje de alcohol llegó a ser de 45%, cosa brava, pero hoy se limita a un 29%, cuota que permite a un bebedor no compulsivo ingerir diariamente una media sin mucho temor a los estragos del guayabo. Muchos lo siguen tomando a la usanza antigua, de beberse de un solo trago la copa entera. Otros hemos optado por consumirlo a sorbos, costumbre heredada, tal vez, de los gringos que por aquí llegan, y así lo toman. Acaso lo estamos irrespetando, pero el resultado es el mismo.

El aguardiente sirve para muchas cosas. Como cualquier licor, propicia riñas, disputas, hace aflorar odios, confesiones antes no dichas, agresiones, incluso suicidios. Pero sigue sirviendo ante todo para conversar, para acompañar las noches de amistad en tiendas, graneros, bares y casas, sin que esa costumbre, a veces diaria, nos permita presumir de nada, ni resulte demasiado onerosa. En los viejos cafés de Medellín las meseras te llevaban, con las copas (dobles) de aguardiente, pasantes suculentos: platillos con camarones, piña, aceitunas, naranjas, uvas, cocos, tajadas de mango biche. Algunos llaman a esos pasantes tapas criollas, en alusión a las españolas. Pero estas hay que ordenarlas, y las otras llegaban con el pedido. Hacían parte del rito, como los boleros del piano.

Por fin, la mención obligada a un coctel que no registran las guías: el submarino. En un vaso de cerveza se deja caer una copa llena de aguardiente. La copa permanecerá hasta el fin en el fondo del vaso. El compuesto, que va brindando curiosas tonalidades, se bebe lentamente. Es óptimo para desenguayabar, y no conviene su abuso.
[Condensado]


ELKIN OBREGÓN

El autor, en pocas palabras: Caricaturista, poeta, pintor, cronista y traductor. Ha publicado 'Grafismos', 'Versos de amor y de los otros', 'Los invasores', 'Memorias enanas', 'Como si fuera un niño' y 'Trazos'.

Tomado de eltiempo.com el 20 de julio de 2011

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domingo, 19 de junio de 2011

Las bicicletas de Fernando Traverso




"Las bicicletas son una forma poética de hablar de las ausencias. Invitan a mirar y pensar dónde estará el dueño"

Fernando Traverso es un artista plástico rosarino. Nació en 1951 en la ciudad del Ché y de Fontanarrosa, donde estudió Artes Visuales, carrera que abandonó a los 21 años para dedicarse a la militancia social en los barrios. A finales de los 70s, una de las tantas mañanas en las que Fernando se encontraba caminando por las calles de su ciudad se cruzó con un amigo, un compañero militante social como él, que venía andando en bicicleta. Su amigo, que sabía que estaba siendo seguido, fingió no conocerlo, no lo saludó y continuó pedaleando. Un rato más tarde Fernando decidió volver sobre sus pasos y rehacer el camino que venía haciendo su amigo. A las pocas cuadras encontró la bicicleta atada a un árbol. Pasaron los días, en los cuáles Fernando volvía al mismo árbol, y la bicicleta continuaba ahí, encadenada. Así, un día comprendió que a su compañero se lo habían llevado y decidió romper la cadena y llevarse la bici. El dueño es uno de los 29 amigos de Traverso desaparecidos por la dictadura.

Casi 25 años después, Traverso decidió homenajear a sus compañeros y a los 350 desaparecidos y secuestrados rosarinos, víctimas de la represión ilegal y el terrorismo de Estado. Retomó entonces la figura de la bicicleta que espera a su dueño y se propuso realizar 350 esténciles en las paredes de la ciudad. Eligió el 24 de marzo de 2001 para estampar en una pared la primera bicicleta .

"Recuerdo que para ese entonces también hicimos una intervención con el grupo En Trámite, en la plaza San Martín de Rosario, frente a lo que fuera un centro clandestino de detención y tortura. Esa noche, de madrugada, salí con el molde y el aerosol en la mano. Había visto una pared propicia. Quería hacer la 'prueba de artista'. Tenía mucha necesidad de ver el resultado. Las primeras bicicletas las realicé caminando, eligiendo paredones cerca de mi casa. Las realizaba de noche, muy tarde. De regreso, a veces, debía apurarme porque amanecía, y las calles comenzaban a poblarse."

"De cada una de ellas podría contar una historia, como por ejemplo, la que quedó a medio hacer en la ex jefatura de policía, debido a que un oficial me detuvo al descubrirme. En otra oportunidad, un joven que venía de trabajar me llevó en su auto para que le pintara una en la pared de su casa; cargamos las dos bicicletas, la real en el baúl del coche y la otra, la del esténcil, en el asiento trasero y partimos. El diálogo que se generó durante el viaje fue maravilloso. Al llegar, la hicimos en silencio, pues quería darle la sorpresa a su mujer cuando se levantara a la mañana. O sino cuando salía en las noches de invierno, muy abrigado, con mi gorro de lana y cuellera, y veces, a la madrugada, me encontraba con los chicos que salían de los boliches que pedían que me sacara el abrigo de la cara, porque querían conocerme.

En la actualidad, todas las mañanas al ir a mi trabajo en bicicleta me cruzo con otros ciclistas y a su vez con esas otras estampadas en las paredes. Estoy seguro que algunos, después de verlas ahí, tan solas y desamparadas, siguen viaje armando una poesía en su cabeza."

Así, la silueta de la bicicleta abandonada se transformó en una metáfora de la ausencia.

Tomado del blog coolturizateya el 19 de junio de 2011
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domingo, 20 de febrero de 2011

Cine: The Social Network


Mis comentarios

Muy interesante, un creador de facebook emprendedor, tomador de decisiones muy a su estilo y con un gran conocimiento en programación asociado a la aplicación en la realidad de lo que el mundo de hoy necesita. Las mejoras a su creación se realizan bajo experiencias vividas por el mismo o por las personas mas cercanas las cuales son su fuente de inspiración. Recomendada.


Mas comentarios

Nada más lejos de la realidad. “The Social Network” es una película redonda, en la que David Fincher recupera el pulso que maravillara a medio mundo con “Zodiac”, film con la que ésta guarda muchas similitudes, tanto estilísticas como narrativas. Su pretendido oportunismo se diluye a las primeras de cambio en cuanto percibimos el enfoque que Fincher tiene sobre la historia. Es “The Social Network” una película sobre las relaciones humanas. Sobre la amistad. Sobre la necesidad de ser aceptado por el otro. Y que para hablar sobre estos temas se use la mayor herramienta de socialización del Siglo XXI, a la que muchos acusan de todo lo contrario, es toda una paradoja y el mayor acierto de la película.


Fincher, fiel a su mensaje, abre y cierra su film con dos maravillosas secuencias que se alejan de la historia que nos narra el film para centrarse en el tema principal de éste. Es ese final alusivo al comienzo del film el que hace que el espectador recapacite sobre el verdadero significado del film. Y sobre todo, hace que conozcamos realmente a Mark Zuckerberg. No a la persona, pero sí al personaje, pues independientemente de si la fidelidad de la trama es mayor o menor, Fincher construye su película alrededor de un plantel de personajes redondos, bien creados, y excelentemente interpretados.

Destacan entre el reparto un Jesse Eisenberg que firma el mejor papel de su carrera, alejado de los tics a los que nos tiene acostumbrados, y que ya suena en las quinielas de los Oscars, y un Andrew Grafield que disipa toda duda sobre si era o no el actor adecuado para encarnar a Spiderman, ya que demuestra que es, ante todo, un gran actor. El resto del reparto está a la altura del film, incluyendo a un sorprendente Justin Timberlake que sabe sacar partido a su status de sex-symbol.

Hacía antes referencia a “Zodiac”, otra obra maestra de Fincher, y son muchas las similitudes, más allá de que ambas se basen en casos reales. La principal, narrativa, es la forma en la que está contada la película, a modo de investigación, teniendo en este caso las demandas a Zuckerberg como hilo conductor. Tal y como sucedía en Zodiac, Ficher decide centrarse más en los detalles de la historia que en la conclusión de la misma, pudiendo dejar al espectador con un sabor agridulce, pero llenando así su film de escenas de alto poder narrativo. Estilísticamente, la fotografía de Jeff Cronenweth es prácticamente un calco de la que Harris Savides firmara para “Zodiac”, usando y abusando de una clave muy baja y realista que, eso sí, exige unas condiciones de visionado execelentes. La mínima contaminación lumínica en la sala es todo un dolor de estómago. No me quiero ni imaginar lo que tiene que ser ver ésta película en un “screener”.

Fincher ha firmado toda una obra de referencia sobre las relaciones humanas, centrándose en la paradoja de un personaje incapaz de entenderlas, y mucho menos de mantenerlas. Un personaje central con unas motivaciones muy claras y bien retratadas en el film. Un pez fuera del agua, en un mundo que se mueve por mecanismos que él no termina de entender, cosa que no le importa en absoluto. Dos horas de cine en estado puro que está mucho más allá del cine geek, pese a escenas como la del reclutamiento de internos, y que de hecho decepcionará a todo aquel que vaya buscando “la película sobre internet”. “The Social Network” es una película mucho más intimista de lo que pudiera parecer, un film de personajes rodado con la maestría de un director que en sus siete películas, ha sabido labrarse un estilo propio que culmina en “The Social Network”, la que tal vez sea su obra menos personal, al menos visualmente, pues aquí por primera vez en su carrera (tal vez de nuevo con la excepción de Zodiac) no es el propio Fincher quien lleva el peso de la película, sino sus personajes.

http://extracine.com/2010/10/the-social-network-tan-buena-como-dicen

domingo, 13 de febrero de 2011

Paisajes retratados por Saúl Santos


Argentina helada

El fotógrafo español Saúl Santos a petición de la comisión de empresarios culturales de Argentina realiza muestras itinerantes por todo el país. La primera se ha realizado en el Casal de Cataluña, Sara Miro, de la Capital Federal de Buenos Aires.

Un atardecer desde el río de la Plata, las noches del Perito Moreno o las cataratas de Iguazú son algunos de los escenarios fotografiados por Saúl Santos durante sus viajes por la Patagonia.


Saúl Santos Díaz nació en las islas Canarias (España) en 1979. En el año 2000 comienza su andadura en el mundo de la fotografía . Se traslada a Madrid en 2006, para estudiar fotografía profesional, desde donde recorre innumerables rincones de todo el territorio nacional con su cámara para hacer diferentes reportajes que son expuesto en distintas salas. Al año siguiente, fruto de todo este trabajo pasa formar parte de www.portfolionatural.com como fotógrafo reconocido de la naturaleza.

Grandes viajes por Sudamérica

En febrero de 2007 se traslada Buenos Aires desde donde viaja a Brasil, Chile, Uruguay, Perú y Bolivia para retratar los paisajes más impresionantes. A petición de la comisión de empresarios culturales de Argentina, su obra fue utilizada para realizar muestras itinerantes por todo el país. Tras su vuelta a Madrid en 2008 le surgen nuevas colaboraciones con el servicio de cartografía . Por otro lado, revistas extranjeras requieren su trabajo para diferentes publicaciones: Digital Camera de Inglaterra, Ateko de Polonia, Popular Photography & Imaging de EE.UU, Photographer magazine de Ucrania, Unike Image de Taiwán, PhotoArt Magazine de la Republica Checa, Level de Uruguay y Argentina Discovered de Nueva Zelanda.
http://www.mundo-geo.es/naturaleza/paisajes/paisajes-retratados-por-saul-santos

Selección de las mejores fotografías de desiertos de Michael Mart

Fotógrafo: Michael Martin.


http://www.michael-martin.de/

Michael Martin ha captado las mejores fotografías de los desiertos de la Tierra y aquí mostramos una selección de tal obra de arte.

Este fotógrafo famoso lleva más de 20 años viajando por todos los desiertos de la Tierra. Como la primera vez que conoció este medio, Michael Martin siente hoy aún una gran fascinación por las insólitas formaciones naturales y los paisajes geográficos del desierto, por su extraordinario mundo animal y vegetal y por los hombres que lo habitan Michael Martin ha recorrido todos los desiertos de nuestro planeta.

En sus espectaculares y conmovedoras fotografías muestra no sólo estos inhóspitos y a la vez seductores paisajes, sino a los hombres que han creado allí su hogar. Ellos constituyen el principal centro de atención de su trabajo. El libro titulado "Die Wüsten der Erde - 365 Tage" (Los desiertos de la Tierra – 365 días) fue su contribución al "Año Internacional de los Desiertos y la Desertificación” declarado en 2006 por las Naciones Unidas. El libro de fotografías muestra, sobre todo, que los desiertos son ecosistemas que hay que proteger, porque, además de arena y rocas, albergan una gran riqueza en formas de vida y cultura. Conoce las características de un desierto

Fuente
http://www.mundo-geo.es/naturaleza/paisajes/seleccion-de-las-mejores-fotografias-de-desiertos-de-michael-martin?page=1